jueves 4 de febrero de 2010

Con galletas de lodo haitianos matan el hambre

Puerto Príncipe, Haití.- La población más pobre recurre a la elaboración de galletas a base tierra seca, sal y mantequilla vegetal para tener algo que comer o vender en Cite Soleil, Puerto Príncipe.
A pesar de haber sufrido una terrible devastación tras el terremoto del 12 de enero en la capital haitiana, este alimento no es una constante nueva ya que desde hace mucho tiempo es una herramienta para eliminar el hambre entre la gente más pobre del país caribeño.

Expertos afirman que los efectos sobre la salud son variados, ya que la tierra puede contener parásitos letales o toxinas industriales, pero también puede ser una fuente de calcio para las mujeres embarazadas.
Ya sea para poder generar un ingreso económico o para alimentar al bebé de una joven de 15 años, las familias haitianas recurren y recurrirán a este remedio casero para matar el hambre.

lunes 1 de febrero de 2010

Frágiles ante el hambre

La mortalidad por deficiencias nutricionales y anemia presenta en México cifras inaceptables; en 2007, el INEGI reportó 8 mil 765 fallecimientos por desnutrición más 3 mil 410 muertes por anemia.
Un sistema de políticas públicas eficiente y eficaz es aquel que tiene la capacidad de adaptarse para responder a cambios repentinos de los contextos y escenarios en los que se aplica.
El diseño de sistemas de políticas flexibles parte del reconocimiento de que las condiciones iniciales de arranque en el que fueron diseñadas, puede modificarse parcial o radicalmente y que, ante estos cambios paulatinos o súbitos, debe tenerse la capacidad de adecuarse y generar nuevas alternativas de solución a los problemas que se presentan.
Llama la atención el hecho de que ante la magnitud de la crisis que aún no termina, el sistema de políticas públicas para el desarrollo económico y social no haya sido siquiera revisado o sometido a una rápida evaluación para diagnosticar si cuenta con las capacidades para responder a las dimensiones de los problemas que tenemos.
En ese sentido, debe destacarse que quizá el problema que más nos confronta y nos debe llevar a la movilización es el hambre, el cual aún no ha sido medida ni comprendida en su magnitud por parte de las autoridades, lo que nos tiene situados como un país que está entre la opulencia y las carencias extremas.

La carencia de información

La devastación económica que significó la crisis que inició en septiembre de 2008 y que no termina, significa que hay millones de personas que, al perder ingreso y patrimonio, engrosaron las filas de la pobreza, y que millones que ya eran pobres pasaron a condiciones de miseria. Esta situación debió generar una reacción inmediata de todos los gobiernos para diagnosticar cuántas personas viven con hambre y diseñar nuevas estrategias de intervención para atacar frontalmente y de inmediato los problemas asociados a la pobreza alimentaria: desnutrición, deserción escolar, bajo aprendizaje, rezago escolar, mermas en la salud e incremento de enfermedades prevenibles, etcétera.
Un diagnóstico así era no sólo deseable, sino urgente, y hasta el momento todos los gobiernos, desde el Federal hasta los municipales, han sido omisos ante una responsabilidad política y ética de esta magnitud.
En esa lógica, carecemos de indicadores adecuados para repensar la política pública y para relanzar nuevos programas tendientes a la garantía plena del derecho a la alimentación y la salud, que el artículo cuarto constitucional garantiza a todas las niñas y niños del país. Comenzar por la erradicación de la desnutrición infantil sería un buen indicador de que las prioridades de los gobiernos están centradas en los derechos humanos.

¿Qué si sabemos?

Un tema que no ha querido reconocer el Gobierno es que los escenarios de la cuestión social cambiaron radicalmente a partir de finales de 2008. Por ello, a pesar de la solidez e importancia de instrumentos como la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (Ensanut, 2006), son ya obsoletos, no por su consistencia metodológica, sino porque estamos ante una realidad distinta.
En estas consideraciones debe señalarse que la consecuencia más grave de la desnutrición es la muerte, y para un país como el nuestro, los registros oficiales son inaceptables.
De acuerdo con los datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en 2007 se registraron en el país 514 mil 420 defunciones, de las cuales, 8 mil 765 ocurrieron por deficiencias nutricionales o desnutrición; esto representa 1.7% del total, lo cual para un país con los recursos y capacidades como el nuestro, es éticamente insostenible.
A estas muertes deben agregarse las muertes por anemias, las cuales ascendieron en 2007 a 3 mil 410 casos, además de los fallecimientos ocasionados por las enfermedades intestinales infecciosas, las cuales ascendieron en 2007 a 3 mil 739 muertes. Y si bien éstas no tienen como causa directa a la desnutrición, sí están relacionadas con malos hábitos alimenticios o de higiene, ambos ligados a la pobreza y la pobreza extrema.
Así, sumadas las muertes por desnutrición, anemias y enfermedades intestinales infecciosas, se tiene la cifra de 15 mil 914 decesos, es decir, 3.09% del total de fallecimientos del país.
Para darle dimensión a esta problemática, vale la pena señalar que el número de muertes por accidentes de tráfico en ese mismo año fue de 15 mil 344, es decir, casi 600 muertes menos que las provocadas por el hambre.
La cifra de muertes por falta de una adecuada alimentación supera también a la generada por la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (15 mil 430 decesos), o la insuficiencia renal, la cual provocó la muerte de 10 mil 466 personas en el año referido.

La insuficiencia de los programas

Si la política social se evalúa, no por el número de apoyos entregados, sino por la cantidad de muertes en exceso evitables –como son las anemias y las deficiencias nutricionales–, puede sostenerse que la que tenemos constituye un rotundo fracaso.
Una pregunta que debe hacerse la Secretaría de Desarrollo Social y todas las dependencias que tienen que ver con el desarrollo social, en particular la Secretaría de Agricultura, es si no deben modificar sus objetivos primarios y reorientarlos pensando en un país de oprimidos.
En ese sentido, el objetivo número uno a alcanzar en este Año del Bicentenario debería ser el de construir una gran cruzada contra la desnutrición, y reducir a cero el número de muertes por deficiencias en la alimentación de las personas durante los próximos tres años.
Las cifras de que disponemos muestran la necesidad de revisar la estructura programática del Gobierno. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), por citar un ejemplo, ha dado evidencias de cómo en países con altos niveles de desnutrición, los programas más eficaces son los de asistencia alimentaria universal para menores de 12 años; esto no sólo mejora las condiciones de salud, sino que ayuda a incrementar la matriculación, la permanencia y el rendimiento escolar de las niñas y los niños.

Muertes por desnutrición

Si morir por hambre constituye una muerte atroz, lo es más cuando los afectados son niños.
Por ello, es importante destacar que de las 12 mil 175 muertes anuales por deficiencias nutricionales y anemias, 531 ocurrieron entre menores de un año (4.36% del total de defunciones por esa causa).
Otros 305 decesos ocurrieron en el grupo de edad de uno a cuatro años (2.5%), y 186, en el grupo de 5 a 14 años (1.52%).
Llama la atención que en el grupo que va de 15 a 24 años se supera el número de muertes por desnutrición y anemias, con respecto del grupo de 5 a 14 años, pues en 2007 alcanzó una cifra de 238 fallecimientos para ese grupo (1.95% del total).
Uno de los grupos de edad con menor número de defunciones por desnutrición es el de los 25 a 34, en el cual se registraron 162 defunciones por esa causa
En el grupo de edad de 35 a 44 años se incrementan los fallecimientos, situándose en 407, durante 2007. A medida que se incrementa la edad, crecen las muertes por desnutrición. Así, para el grupo de 45 a 64 años, las defunciones registradas en 2007 fueron mil 203 (10% del total). Finalmente, está el grupo de los mayores de 65 años, en el cual se concentra el grueso de la mortalidad por desnutrición y anemias, pues el total de fallecimientos por estas causas fue de 8 mil 893.
Publicado en Vanguardia

viernes 29 de enero de 2010

Si los ciudadanos toman las riendas

Haití ya no ocupa tanto espacio en las primeras páginas, pero el drama de cientos de miles de haitianos es el mismo de hace días. En el ceremonial de confusión tras el terremoto, ¿quién aborda los problemas de los haitianos? Los inmediatos: techo, alimentación, asistencia médica y sanitaria... Y los otros: reparar errores (o canalladas) socio-económicos graves y sentar las bases para un país no fallido que permita a los haitianos vivir con dignidad, respetados sus derechos humanos.
Hace diecisiete meses, Haití también ocupó las primeras páginas de los rotativos del mundo porque un atroz huracán arrasó el país. Y hubo algunas donaciones millonarias y también promesas de donaciones millonarias que ahí quedaron. También considerables fallos en el reparto de la ayuda humanitaria, la necesariamente inmediata. De los millones de dólares prometidos, bastantes no llegaron o tal vez se perdieron por el camino, pero los ciudadanos que debían ser atendidos nunca lo fueron. ¿Se repetirá la astracanada?
“Sólo Dios nos puede salvar”, leemos que clama una mujer haitiana en una dramática crónica sobre la prolongación del desastre. Para la mujer, tal vez para muchos más, dios es el último recurso para no perder la esperanza del todo.
Para lo inmediato, lo próximo y lo futuro, es bueno contar con la solidaridad de los de fuera sin esperar demasiado. Sobre todo cabe contar con la ayuda de quienes no actúan para obtener beneficio ni renta alguna, política, financiera, mercadotécnica o publicitaria; probablemente, muchas organizaciones solidarias. Pero, sobre todo, los haitianos han de empezar a aprender a contar con ellos mismos.
Alejandro Nadal, profesor e investigador del Centro de Estudios Económicos de México, nos recuerda que el principal recurso para reducir la vulnerabilidad de la población afectada por un desastre es la propia población afectada. Esa población ya está en el lugar de los hechos, conoce bien las características del lugar (y sabe como aprovecharlas) y está comprometida con la seguridad y la atención de los suyos.
Quizás suene utópico proponer que lo principal para afrontar el desastre del terremoto y sus consecuencias sean los propios haitianos; esos haitianos que deambulan perdidos y necesitados por las calles de Puerto Príncipe o de otras poblaciones del país.
Pero también debió parecer utópico cuando unos cuantos ciudadanos se enfrentaron al corrupto e injusto sistema de aristócratas y reyes absolutos que duró hasta el siglo XIX. Acaso también se vieron como utópicos los primeros obreros que se organizaron para hacer frente a la feroz burguesía industrial en Europa y Estados Unidos desde finales del XIX e inicios del XX. Tal vez se consideró utópico que Gandhi viajara por la India (sólo con su palabra y su ejemplo) para sembrar que la India debía ser independiente del poderoso Imperio Británico. Quizás se vio utópico que los ciudadanos y ciudadanas plantaran cara a las corrompidas élites comunistas de los países del este de Europa... Hasta que cayó el muro de Berlín. Como desapareció el régimen absoluto, los obreros alzaron la cabeza y la India obtuvo la independencia.
Nada es fácil ni se consigue en tiempo breve, pero si algo nos enseñan los hechos pasados es que las situaciones establecidas de injusticia, los estados de canallada incesante, incluso las desgracias generales, empiezan a resolverse cuando quienes las sufren se deciden a enfrentarlas.
No sé decir cómo, pero estoy convencido de que Haití despegará cuando los haitianos decidan que despegue. Hay ejemplos cercanos. Bolivia, por ejemplo, ha dejado de ser el país más pobre de América del Sur, elogiada incluso por el nada generoso ni solidario Fondo Monetario Internacional, aunque Bolivia, afortunadamente, no haya seguido sus nefastas recetas neoliberales sino todo lo contrario.
Bolivia, presidida por Evo Morales, ha reducido su deuda exterior a la mitad y continuará cancelándola. Tiene en marcha planes razonables de industrialización y ha conseguido hasta hoy que una cuarta parte de sus casi diez millones de habitantes (sobre todo mujeres, ancianos y estudiantes) se beneficien de una mejor distribución de la riqueza del país con una vida sin hambre ni penurias. Una vida digna.
En Haití, además de ayuda exterior bien organizada y canalizada, y de solidaridad no interesada, los haitianos han de ser conscientes de que la principal ayuda ha de venir de ellos mismos. O jamás resolverán sus problemas.

Xavier Caño Tamayo
Periodista y escritor

miércoles 27 de enero de 2010

México rompe récord en ayuda humanitaria a Haití

Carlos Quiroz
Al dar el banderazo de salida al buque ‘El Zapoteco’ de la Marina Armada de México, con 215 toneladas de ayuda humanitaria para los damnificados del terremoto en Haití, el presidente Felipe Calderón señaló que la generosidad de los mexicanos reunió una cifra histórica de 15 mil toneladas.
El jefe del Ejecutivo explicó que esta cantidad es la mayor recolectada y servirá para entregar 5 kilos de ayuda para cada uno de los tres millones de damnificados en Haití y equivale a entregar un kilo y medio de ayuda a cada uno de los nueve millones de habitantes del país caribeño .
Acompañado de su esposa, el secretario de la Defensa de la Marina y el gobernador de Guerrero, el Presidente Calderón señaló que todavía saldrá otra embarcación de Manzanillo para hacer un total de cinco buques enviados con ayuda con lo que nuncio estaría concluyendo la primera etapa de la emergencia consistente precisamente en la entrega de medicinas, agua, leche, material de curación entre otros artículos de primera necesidad donados por el pueblo de México, los gobiernos de los estados y el gobierno federal.
Igualmente aseguró que la solidaridad de los mexicanos seguirá acompañando al pueblo de Haití por lo que pidió donar en efectivo a las cuentas de la Cruz Roja, de la Secretaría de Relaciones Exteriores a fin de que los recursos obtenidos sirvan para la reconstrucción a mediano y corto plazo en Haití.
Las cuentas son de Relaciones Exteriores en el banco HSBC 40-44-54-91-11, de la Cruz Roja en Bancomer 04-04-04-04-06 sucursal 686.
El presidente Felipe Calderón reiteró que ha instruido a la cancillería para que redoble los esfuerzos de localización y ayuda de los mexicanos que aún permanecen en Haití.
Por su parte el presidente de la Cruz Roja Nacional, Daniel Goñi Díaz, señaló que la Cruz Roja reunió un total de 6 mil toneladas lo que también represento un record histórico en la recolección de ayuda humanitaria y reconoció el trabajo de los 15 voluntarios de la benemérita institución que colaboraron en la clasificación y repartición de la ayuda.

martes 26 de enero de 2010

El círculo vicioso del hambre

Por Paul Virgo
ROMA, ene (IPS) - El filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) no estaba en lo cierto cuando escribió su célebre frase "Lo que no me mata me fortalece". Por lo menos en lo que se refiere al hambre.
Cada seis segundos muere un niño por hambre o una causa relacionada, en un planeta donde alrededor de 1.000 millones de personas no tienen hoy suficiente para comer, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Quienes sobreviven a este flagelo cargan con sus efectos debilitadores por el resto de sus vidas. Y a menudo se los transmiten a las futuras generaciones también.
Esto se debe a que el hambre no es sólo el resultado de la pobreza, sino también una de sus principales causas, señalan los expertos.
Los adultos con estómagos vacíos no tienen la fortaleza suficiente para trabajar en todo su potencial, y son más susceptibles a las enfermedades.
En los niños, la capacidad de aprendizaje se ve seriamente reducida si padecen hambre. Muchos niños desnutridos quedan discapacitados de por vida, lo que en su adultez limita su capacidad de mantenerse a sí mismos y a sus propios hijos.
"Si las personas no se alimentan, sus cuerpos y mentes no se desarrollan, y eso produce toda clase de problemas, especialmente de salud, y genera más hambre", dijo a IPS Tony P. Hall, director de la Alliance to End Hunger (alianza para acabar con el hambre), con sede en Washington, y ex embajador de Estados Unidos en la FAO.
"He visto esto muchas veces. Cuando un niño o niña padece hambre, aunque no muera, eso le causa problemas en el futuro, y también a sus países", agregó.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) señaló en noviembre que la mala alimentación tiene un impacto enorme en el desarrollo de los niños en muchas partes del mundo. Alrededor de un tercio de las muertes de menores de cinco años en los países en desarrollo están vinculadas a una dieta inadecuada, lo que también hace que uno de cada tres --195 millones-- vean su desarrollo atrofiado, enfatizó.
Esto se debe a que, cuando está mal alimentado, el cuerpo prioriza funciones esenciales y dirige menos nutrientes al crecimiento.
Evidencias científicas indican que, si los cuerpos de estos niños no se desarrollan adecuadamente, sus cerebros tampoco. Por ejemplo, un estudio publicado en 2007 en la revista médica británica The Lancet reveló que por cada aumento de 10 por ciento en la prevalencia de atrofias en un país, la proporción de niños que llegan al último año escolar se reduce ocho por ciento.
"La malnutrición disminuye la capacidad de los niños de aprender y de ganar (el sustento) a lo largo de sus vidas", dijo la directora ejecutiva de Unicef, Ann M. Veneman.
"La privación nutricional deja a los niños cansados y débiles, y reduce sus coeficientes intelectuales, así que tienen un mal desempeño escolar. En su adultez son menos productivos y ganan menos dinero que sus pares sanos, y el ciclo de la malnutrición y la pobreza se repite, generación tras generación", explicó.
De este modo, la lógica sugiere que garantizar una buena nutrición infantil es necesario para combatir el hambre en la actualidad y para garantizar la seguridad alimentaria para el futuro.
Sin embargo, las organizaciones benéficas dedicadas a los niños dicen que es frecuente que esta área sea desatendida en los esfuerzos por promover el desarrollo.
Señalan que esto queda de relieve en el lento avance en la reducción de la cantidad de niños que padecen bajo peso. Éste es un indicador clave para el primero de los ocho Objetivos de Desarrollo para el Milenio definidos por los gobiernos en 2000, que impone reducir a la mitad la proporción de personas con hambre para 2015 partiendo de los indicadores de 1990.
Un informe de Unicef de 2009 mostró que 23 por ciento de quienes tenían menos de un lustro de vida seguían padeciendo bajo peso casi 20 años después.
A menudo, donantes y agencias internacionales dedican más dinero y atención a otros problemas de alto perfil, como el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), que causa alrededor de tres por ciento de las muertes infantiles, mucho menos que la mala alimentación.
Se acusa a los gobiernos nacionales de no darle al asunto la necesaria prioridad. Según la organización no gubernamental internacional Save the Children, a menudo los gobiernos dejan la nutrición en manos de partes estratégicamente débiles de sus ministerios de Salud.
"Una enorme cantidad de dinero va con toda razón a la agricultura y la seguridad alimentaria, con inversiones de gobiernos y organismos como el Banco Mundial y la Unión Europea", dijo a IPS Alex Rees, director de Reducción del Hambre para Gran Bretaña en Save the Children.
"El año pasado, el Grupo de los Ocho (G-8, países más poderosos) comprometió 20.000 millones de dólares para la seguridad alimentaria. Para nosotros lo primero es que esto tenga un impacto sobre la nutrición infantil", continuó.
"Estoy absolutamente de acuerdo (en que la nutrición infantil ha sido desatendida en las iniciativas para el desarrollo), y no somos sólo nosotros quienes pensamos eso. El Banco Mundial y muchos otros coinciden con nosotros. La nutrición debe verse como una prioridad política para ministros y presidentes", añadió.
Los primeros 33 meses de vida, desde la concepción hasta el segundo cumpleaños, son particularmente importantes, destacan los expertos. Luego de los dos años de edad, es mucho más difícil revertir los efectos de la desnutrición crónica, y especialmente su impacto sobre el desarrollo del cerebro, sostienen.
"La primera infancia en particular sienta las bases para toda la vida. Los niños que padecen desnutrición crónica antes de su segundo cumpleaños tienen probabilidades de poseer un desarrollo cognitivo y físico disminuido por el resto de sus vidas", dijo Veneman.
Save the Children promueve una variedad de políticas que, dice, pueden fomentar dietas para ayudar a romper este círculo vicioso de hambre que genera más hambre.
Éstas incluyen programas de complementos vitamínicos y proteínicos para combatir las deficiencias de micronutrientes que causan 10 por ciento de las muertes de menores de cinco años y sirven de apoyo a las madres para que amamanten.
Un estudio de Save the Children indica que esto último es "una de las intervenciones más redituables en materia de salud pública disponibles actualmente", por los enormes beneficios que tiene la lactancia materna en los primeros meses de vida.
También planteó que todas las embarazadas y familias con niños muy pequeños deberían recibir beneficios en efectivo para garantizar que los más pobres puedan acceder a dietas nutritivas en este periodo crucial.
Estos beneficios deberían ser universales, sostuvo. Además, Rees dijo que "a veces, el proceso de buscar inversiones significa que éstas terminan siendo más caras que las medidas universales".
Naturalmente, estas intervenciones requieren dinero, que nunca es fácil de encontrar con se habla de la mitad más pobre del mundo, especialmente en tiempos de crisis económica.
Pero los activistas dicen que los beneficios inmediatos de un menor sufrimiento humano, combinado con los retornos a largo plazo de un mayor crecimiento económico, prosperidad y menor gasto en salud, lo que hace que estas inversiones realmente valgan la pena.
Las investigaciones muestran que cada dólar que se gasta en complementos de vitamina A y zinc para los niños crea beneficios que superan los 17 dólares, según Unicef.
"Al invertir en los niños se está invirtiendo en el futuro. Si se tiene una población bien alimentada, se está en camino a tener una población productiva", aseguró. (FIN/2010)