martes 22 de mayo de 2007

Una meta posible

Editorial de José Graziano da Silva, Representante Regional de FAO para América Latina y el Caribe.

El presidente Luiz Inacio “Lula” da Silva dio un ejemplo poderoso cuando, en su paso por la oficina de la FAO para esta Región, se puso – literalmente -- la gorra de la Iniciativa América Latina y Caribe Sin Hambre y pidió un compromiso de todos los países para erradicar el flagelo de la desnutrición de nuestros países. Durante su enérgico discurso, Lula llamó a buscar opciones para distribuir mejor la riqueza y a encontrar nuevas formas de combatir la pobreza a través de la agricultura.

El compromiso de Lula no es nuevo. Ya con el programa “Hambre Cero”, en Brasil, su gobierno había volcado todos sus esfuerzos a construir opciones que permitieran a los ciudadanos salir de la situación de pobreza desesperada en la que muchos están aún sumergidos.

En efecto, aún hoy, 52.4 millones de personas duermen con hambre cada día. Muchos de ellos son niños, quienes resultan los más afectados por este problema, ya que daña irreparablemente su desarrollo.

Pero lo que el presidente de Brasil transmitió, y que la FAO ha postulado con determinación, es que le hambre ya no tiene pretextos para existir en América Latina. Esta Región es, hoy por hoy, el principal exportador de alimentos del mundo, y es bien sabido que dispone de hasta un 30 % más de comida que la necesaria para el consumo de todos sus ciudadanos. Y aún así, hay millones con hambre. Es, entonces, un problema de distribución, de acceso a los alimentos, no de producción.

Ese problema de distribución se manifiesta en que un 10 por ciento de la población de la Región padece hambre, y esto no es estadística: es el número dramático de la expresión más cruel de la pobreza. Son millones de personas que, viviendo en una Región que ha crecido sostenidamente en las últimas décadas, han quedado de lado. Millones que están perdiendo la oportunidad de ser partícipes de la democracia; millones que no tienen posibilidad de ser trabajadores fuertes debido al hambre. Millones de hombres, mujeres y niños que sufren hoy sin razón.

Porque la situación de América Latina y el Caribe hoy es tal que no tendría por qué haber un sólo niño que duerma con hambre.


Y esta es la idea más importante que debe empezar a gestarse en el centro de nuestras sociedades modernas, en el centro de nuestros gobiernos responsables: erradicar el hambre es una meta posible.

Sabemos que es posible porque varios países de la Región han logrado, anticipadamente, alcanzar el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM): reducir el hambre y la pobreza a la mitad antes de 2015. Países como Perú y Brasil han dado pasos decididos hacia una mejor distribución de la riqueza, consiguiendo avances notables en el nivel de vida de sus ciudadanos. Hay razones de más para ser optimistas. El crecimiento y la estabilidad política de la región se han generalizado, y los países han soportado con relativa tranquilidad sus conflictos políticos.

Aunado a eso, los informes recientes indican que la subnutrición y pobreza extrema se han reducido en toda la región. No hay que olvidar, sin embargo, que los últimos datos de CEPAL indican que aún existen 209 millones de personas que viven en condiciones de pobreza, lo cual representa el 40% de la población. Esta complicada realidad debe también recordarnos la urgencia de tomar acción decidida.

En este contexto de optimismo moderado pero realista, es que la FAO está apoyando la Iniciativa “América Latina y Caribe sin Hambre”, que nace del compromiso para crear las condiciones que permitan erradicar el hambre, y fue lanzada por los Gobiernos de Brasil y Guatemala durante la Cumbre Latinoamericana sobre Hambre Crónica, celebrada en septiembre de 2005.

Esta Iniciativa busca promover el desarrollo de políticas públicas y programas para erradicar el hambre mediante compromisos de Estado, que se traduzcan en una Institucionalidad de la Seguridad Alimentaría y Nutricional (Políticas, Leyes, Derecho a la Alimentación, Estrategias) y en la implementación de un Plan de Acción con una asignación de fondos presupuestarios acordes con la magnitud del problema en cada país.

La Iniciativa, que ya está en marcha, tiene tres objetivos específicos: primero, colocar el tema del hambre como prioritario en las agendas políticas y sociales de los países de la región. Segundo, Reforzar las capacidades de los países para llevar a cabo políticas públicas y programas para erradicar el hambre y garantizar el derecho a la alimentación de sus ciudadanos. Tercero, Monitorear la situación y evolución del hambre y el estado de la seguridad alimentaria.

En FAO creemos firmemente que esta Iniciativa será una herramienta fundamental para la concientización plena sobre las causas, consecuencias y motivos del hambre. Creemos que los gobiernos deben entender que el costo social y productivo del hambre es mucho mayor que el precio de combatirla; creemos que los empresarios deben asumir que erradicar el hambre es un una obligación moral de todos, y sobre todo de aquellos que han logrado acumular riqueza. Creemos que los empresarios también recibirán beneficios al contribuir a crear un entorno más próspero; pensamos que la sociedad en su conjunto debe asumir que las democracias funcionan mejor cuando nadie pasa hambre. Tenemos ahora una oportunidad histórica y las condiciones están dadas. No hay pretextos para ignorar el tema del hambre.

Latinoamérica, como bien dijo Lula en su visita a la FAO, no es más una Región irrelevante. Es ya un actor central en el destino del planeta, y como tal tiene que comenzar por garantizar que cada uno de sus habitantes pueda comer lo suficiente. No lograrlo sería un fracaso histórico de nuestra generación. Erradicar el hambre es una meta posible. Cumplámosla.