martes 26 de junio de 2007

¿COHESIÓN SOCIAL CON HAMBRE EN AMERICA LATINA?


La cohesión social es el nuevo paradigma de desarrollo en América Latina, paradigma que ha venido para quedarse y que actualmente monopoliza los numerosos debates sobre desarrollo económico, social y consolidación de las democracias que se están llevando a lo largo de Iberoamérica. Este boom de la cohesión social que estamos viviendo en el 2007, que se evidenció en el Seminario Internacional organizado por la SEGIB en Madrid, tiene como horizonte temporal cortoplacista la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, que este año se celebra en Chile, y cuyo tema central, cómo no, será la cohesión social y las políticas públicas.

La cohesión social, como esquema de desarrollo de los pueblos basado en el enfoque de derechos humanos, se articula en torno a tres elementos que se potencian entre ellos: la reducción de brechas sociales, especialmente la brecha en los ingresos, la garantía del disfrute de derechos de los ciudadanos y la promoción del sentido de pertenencia a la sociedad. Estos argumentos, que fueron recogidos de la experiencia europea de acercamiento de sociedades diversas y economías dispares, están siendo pasados actualmente por el tamiz latinoamericano, para construir un modelo propio de cómo conseguir la cohesión social, con una realidad histórica y geopolítica diferente y, sobre todo, con un punto de partida distinto. Y es ahí donde nos estamos dejando el hambre olvidada en una esquina. ¿Qué hambre? ¿En América Latina hay hambre? Hay hambre de más cohesión social, es cierto, pero sobre todo hay hambre de la básica, de alimentos sanos y nutritivos, suficientes y permanentes. Guatemala tiene uno de cada dos niños desnutridos, en Panamá hay un cuarto de la población que pasa hambre y en Paraguay el hambre crece a pesar de que la pobreza se reduce.

Europa ya no tenía 53 millones de hambrientos, como tiene América Latina, cuando empezó a hablar de cohesión social; no tenía más de 9 millones de niños desnutridos cuando propuso la promoción del sentido de pertenencia al “espacio europeo”, y no tiene generaciones enteras de niños condenados a seguir perpetuando la miseria y la exclusión porque padecen de desnutrición crónica, lo cual les impedirá asistir a la escuela, y si asisten no podrán asimilar lo que les enseñan, no podrán conseguir mejores trabajos, no ganarán buenos sueldos, no podrán curarse las enfermedades ni comprar alimentos suficientes para ellos mismos y para sus familias lo que, inevitablemente, hará que sus hijos vuelvan a perpetuar ese circulo vicioso del hambre y la pobreza. Pero, sorprendentemente, el hambre y la desnutrición han estado “notablemente” ausentes de los debates políticos y seminarios académicos sobre la cohesión social.

América Latina disfruta hoy de una situación favorable para enfrentar los desafíos vinculados con una mayor cohesión social. Después de cinco años de crecimiento sostenido en la mayor parte de los países de la región –con un promedio anual de crecimiento del PIB por habitante del 3%-, de una importante reducción de la pobreza extrema, de una mayor preocupación de los gobiernos por los problemas sociales y una expansión de los gastos públicos, y de una institucionalización democrática creciente, están dadas las condiciones para reducir drásticamente la profunda brecha económica y social que nos ha afectado secularmente. Los logros de los últimos años y las buenas perspectivas futuras nos permiten avanzar hacia estados más solidarios y sociedades más inclusivas.

¿Cómo puede ser que las sociedades latinoamericanas, con un mínimo de cohesión, no puedan cubrir necesidades tan básicas como la alimentación y la nutrición de sus ciudadanos? Sobre todo, considerando que la producción de alimentos en América Latina y el Caribe en el 2004 excedió en un 30% las necesidades de proteínas y calorías para satisfacer los requerimientos energético la población de la región. Es señal inequívoca de que algo no funciona bien en la cohesión social si los mecanismos de solidaridad y de protección, o las formas en que están instituidos, marginan a tantos seres humanos respecto de un umbral mínimo de satisfacción de necesidades.

Al notar que el hambre y la desnutrición estaban quedando descolgadas de la locomotora de la cohesión social en América Latina, con el riesgo de que los muy excluidos quedaran fuera de la película, la CEPAL, la FAO y el PMA están llevando a cabo un esfuerzo por reposicionar el tema del hambre en la agenda del desarrollo en la región, explicitando el tema del hambre y su erradicación como elemento central y prioritario de las políticas públicas y priorizando las intervenciones dirigidas a eliminar la desnutrición crónica infantil como manifestación más extrema e irreversible de la exclusión social. En ese sentido, se ha presentado un documento titulado “Hambre y Cohesión Social” en el seminario de Madrid donde se dan algunas claves sobre qué se puede hacer a nivel nacional y a nivel regional para que el hambre sea sólo una referencia en los libros de historia, y no una realidad sangrante que se alterna en los países de la región con PIB anuales del 7% o con concesionarios de Ferrari que cada año venden varios autos del modelo más actual.

Actualmente hay dos iniciativas en curso en la región, cuyo objetivo en erradicar el hambre y al desnutrición crónica cuanto antes. Una se llama “América Latina y Caribe sin Hambre”, lanzada por Brasil y Guatemala y apoyada por FAO, y la otra es “Hacia la erradicación de la Desnutrición Crónica Infantil”, lanzada por el PMA, con el apoyo de CEPAL y del BID. Ambas son iniciativas que apoyan la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero ponen la meta un poco más allá: ya no vale con reducir el hambre a la mitad, ahora hay que acabar con ella. América Latina tiene los recursos naturales, humanos, financieros, de infraestructuras y de instituciones democráticas necesarios para acabar con el hambre.

La voluntad política es la clave, clave que casi siempre ha faltado. A esto se le añade la construcción de una institucionalidad adecuada y duradera, que traspase gobiernos y partidos políticos, para lo cual se necesitan leyes de seguridad alimentaria, planes de largo plazo, estrategias consensuadas con diversos actores, para poder crear verdaderas “Políticas de Estado” y programas nacionales de amplia envergadura. Y, finalmente, necesitamos la clave que mueve al mundo desde hace siglos: el dinero, los fondos para llevar a cabo esos programas y que lleve acciones concretas a los más necesitados. Los países cada vez destinan menos fondos a programas de lucha contra el hambre, fondos a todas luces insuficientes, menos fondos a las áreas rurales, donde se concentran la mayoría de los hambrientos, y menos fondos a los grupos más desfavorecidos: mujeres y niños menores de 3 años.

Perdonen por repetir algo que debería ser obvio, la erradicación del hambre debería ser la primera prioridad política, y la primera urgencia temporal, en el camino hacia una mayor cohesión social y equidad en América Latina. El Derecho a la Alimentación debería hacer parte de los derechos mínimos que toda sociedad debe garantizar a sus ciudadanos para avanzar hacia una distribución más equitativa de oportunidades y un orden de ciudadanía plena para todos. Reducir la brecha de oportunidades e ingresos, condición básica para el logro de mayor cohesión social, implica en primera instancia mejorar las condiciones de vida de aquellos que no tienen lo elemental para vivir: una adecuada alimentación. Acabar con el flagelo del hambre tiene que dejar de ser un reclamo retórico para convertirse en un compromiso y en un paso imprescindible hacia una auténtica cohesión social.



Jose Luis Vivero Pol
Oficial Técnico
Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre
Oficina Regional de FAO

jueves 21 de junio de 2007

Cohesión Social y Desnutrición

Madrid. Lo más urgente, lo más grave, es la desnutrición infantil. Esto señaló el Representante Regional de FAO para América Latina y el Caribe, José Graziano, al realizar su presentación en el seminario de Cohesión Social que se ha inaugurado el lunes 18 de junio en esta capital, organizado por la Secretaria General Iberoamericana (SEGIB).



Graziano enfatizó el tema de la desnutrición infantil ya que “no alimentar a los niños causa daño irreparable, tanto físico como intelectual”, al argumentar que alcanzar la cohesión social tendrá que pasar necesariamente por la erradicación del flagelo del hambre. Esto, como parte de su participación en la Mesa de Trabajo sobre Derechos Sociales: Protección y Políticas Públicas.

El Representante Regional presentó en este seminario el documento “El hambre y la cohesión social en América Latina y el Caribe: Cómo revertir la relación entre inequidad y desnutrición”. Este documento realizado en conjunto por la FAO, el PMA y la CEPAL, explica detalladamente esta necesidad urgente de superar el hambre y la desnutrición como un factor imprescindible para lograr la cohesión social en la Región, y plantea una serie de elementos proposititos para este fin de cara ala XVII Cumbre Iberoamericana que se realizará en Santiago de Chile en noviembre de este año.

Graziano detalló, durante su exposición, que la producción de alimentos en América Latina y el Caribe hoy en día excede en un 30 por ciento las necesidades de proteínas y calorías para satisfacer los requerimientos energéticos de la población de la Región, pero aún así 52,4 millones de personas - el 10 por ciento de la población - no tienen acceso suficiente a alimentos. Esta cifra incluye alrededor de 4,1 millones de niños y niñas con bajo peso en la Región. “El problema” planteó, “es entonces de acceso a los alimentos y no de existencia de los mismos”.

Así, el funcionario de FAO estableció la necesidad – en el marco de la aspiración a una auténtica cohesión social – de avanzar en las legislaciones locales respecto al Derecho a la Alimentación como uno el derecho más importante de los ciudadanos y la urgencia de crear los mecanismos legales que permitan que los gobiernos puedan, de forma eficiente y obligatoria, garantizar el consumo calórico indispensable a sus ciudadanos. “Es preocupante que sólo cuatro países de la Región tengan leyes de Seguridad Alimentaria, lo cual confirma la necesidad de un mayor compromiso y voluntad política por parte de los actores relevantes”, afirmó Graziano.

En esa coyuntura es que la Oficina Regional de FAO ha lanzado la Iniciativa América Latina y el Caribe sin Hambre, un proyecto que busca crear las condiciones en todos los países de la Región para acabar definitivamente con este problema. Bajo la idea de que sí se puede lograr la erradicación del hambre en un plazo razonable, la FAO creó este proyecto y ha invitado a todos los sectores políticos y sociales a conocerla y hacerse parte de un esfuerzo que sólo tendrá éxito con la participación amplia y comprometida de los países.

La Iniciativa es parte de un esfuerzo de sensibilización social y de acción concreta contra el hambre, y entre sus objetivos, detallo el Representante Regional, está convencer a los gobiernos que “erradicar el hambre es mucho más económico que convivir con ella”. Para demostrarlo, citó el caso de Centroamérica, donde según un estudio del PMA y CEPAL, el hambre cuesta entre 6 y 7 mil millones de dólares anuales en pérdida productiva, atención médica y daños.

El seminario de Cohesión Social tiene el objetivo de propiciar un espacio de reflexión y debate sobre este tema en Iberoamérica, dialogando con los gobiernos, organismos internacionales y organizaciones sociales de la Región. Para ello, ha convocado a importantes representantes de dichos ámbitos, entre los que destacan el Secretario General Iberoamericano, Enrique Iglesias, el ex presidente del Gobierno Español, Felipe González, la ministra de Planeación de Chile, Clarisa Hardy, la ministra de Educación Pública de México, Josefina Vázquez Mota y el secretario Ejecutivo de CEPAL, José Luis Machinea, entre muchos otros. Acompañando Graziano en la Mesa de trabajo sobre Derechos Sociales, estuvieron también María Julia Muñoz, ministra de Salud de Uruguay y Pedro Brito, Gerente del Area de Fortalecimiento de los Sistemas de Salud de la OPS.

Convocatoria

A través de la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre, la Red de Investigación y Capacitación en Seguridad Alimentaria y Nutricional tiene el honor de convocar investigadores, académicos, universidades, centros de estudio y público en general a participar en el premio anual de artículos de investigación en temas de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) en la región.

Con la finalidad de publicar un libro que recopile lo mejor de la investigación y análisis sobre el problema alimentario de nuestra Región, la Iniciativa ha determinado realizar este primer concurso anual. Se espera que con propuestas como ésta, se enriquezca el debate público, político, técnico y social respecto a la Seguridad Alimentaria, así como sobre los retos que se enfrentan, las oportunidades que se abren y las posibilidades que se podrían construir.

El premio consistirá en la entrega de la Medalla del Día Mundial de la Alimentación de la FAO y cinco mil dólares (5.000 usd) a cada uno de los cinco mejores trabajos. Los segundos mejores cinco trabajos recibirán un premio de mil dólares (1.000 usd). Los diez trabajos seleccionados serán incluidos en una publicación de FAO, respetando la autoría de cada uno.

Para aplicar, los participantes deberán presentar un resumen de su propuesta de ensayo de 200 a 300 palabras, acompañado de la hoja de vida (CV) de cada uno de los miembros del equipo.

El artículo científico propuesto deberá ser inédito, o bien ser una versión actualizada de trabajos ya publicados; en este último caso el o los autores deberán indicar en la introducción las innovaciones que este contiene y escribir en un pie de página la referencia de la publicación previa. El artículo tendrá la siguiente estructura: título, autor o autores, resumen, introducción, materiales y métodos, resultados discusión y bibliografía. Los documentos tendrán una extensión de 30 páginas, en formato Times New Roman, tamaño 12 y escrito a espacio y medio. Los trabajos se podrán presentar en español, portugués o inglés.

La fecha máxima para enviar los resúmenes será el 31 de julio de 2007. Las propuestas serán consideradas por un equipo de profesionales de FAO, que seleccionarán los diez mejores trabajos y darán a conocer su fallo el día 16 de agosto de 2007.

En este certamen podrán participar individuos o equipos de investigación de cualquier parte del mundo, siempre que el investigador principal sea ciudadano o residente permanente en cualquiera de los países de América Latina y el Caribe.

Para conocer las bases completas de este concurso, favor de visitar la página web de la Iniciativa, en http://www.rlc.fao.org/iniciativa/