viernes 29 de agosto de 2008

ESTUDIO DE CEPAL: ACELERACIÓN INFLACIONARIA GENERA PROBLEMAS Y DILEMAS DE POLÍTICA QUE DEBEN ENFRENTAR LOS PAÍSES DE LA REGIÓN

El principal desafío es combatir la inflación “importada” por el aumento de los precios de ciertos productos básicos, como el petróleo y los alimentos.

(28 de agosto, 2008)

Tras continuos descensos desde 2002, la inflación en América Latina y el Caribe subió a un 6,5% en 2007 y a junio de 2008 ya acumula un alza de doce meses de 8,9%. Este fenómeno afecta a casi toda la región y presenta varios problemas y dilemas de política a los gobiernos. Así lo señala la CEPAL en su informe Estudio económico de América Latina y el Caribe 2007-2008, dado a conocer recientemente por su Secretaria Ejecutiva, Alicia Bárcena.

Debido al alza en los precios de productos básicos como el petróleo y los alimentos, la inflación ha aumentado en prácticamente todos los países del mundo, pero el impacto ha sido mayor en las naciones emergentes que en los países desarrollados. Las cifras de inflación en los países de América Latina y el Caribe varían entre un 5% y 32% a junio de 2008 (doce meses), mientras que el aumento en los precios de los alimentos en la región acumula un 15,7% en el mismo período, luego de anotar un incremento de 10,7% en 2007. En Brasil, Perú y México el impacto de la inflación ha sido relativamente menor.

El repunte inflacionario genera diversas preocupaciones. En primer lugar, afecta en forma desproporcionada a la población de menores ingresos por el alto impacto de las alzas en alimentos y combustibles. En segundo lugar, la inflación genera incertidumbre, deteriorando el clima para la inversión y el crecimiento de largo plazo. Por último, las políticas anti-inflacionarias pueden acarrear importantes costos de corto y mediano plazo, en términos de crecimiento y empleo.

Frente a esta problemática, varios países de la región han adoptado una política monetaria más contractiva, y se ha planteado que la política fiscal adopte también un énfasis anti-inflacionario mediante reducciones del ritmo de expansión del gasto, de impuestos que gravan ciertos bienes y la introducción de subsidios o mecanismos compensatorios de alzas en los precios externos. En este sentido, el Estudio económico 2007-2008 destaca el dilema que se plantea: dado el carácter “importado” de gran parte de la inflación actual, el control de la demanda interna contribuirá a reducir la propagación de la inflación externa al resto de la economía, pero será difícil evitar que afecte al nivel de actividad.

Por ello, la CEPAL postula que el éxito de la lucha anti-inflacionaria requiere la armonización de los objetivos de política fiscal y monetaria. Si sólo se recurre a subir la tasa de interés para controlar la demanda agregada, el aumento necesario puede resultar exageradamente alto, con efectos negativos sobre la inversión y el crecimiento futuro. Asimismo, en contextos de flotación libre del tipo de cambio y libertad de los flujos de capitales, la apreciación de la moneda inducida por altas tasas de interés repercutirá negativamente sobre la competitividad de los sectores exportadores y sustitutivos de importaciones. En la medida de lo posible, la CEPAL propone que se debe generar un espacio fiscal que asegure el financiamiento de los programas que se orientan a la reducción de la pobreza, a la formación de capital humano y al aumento de la dotación de infraestructura.

martes 26 de agosto de 2008

Difícil desarrollo en América Latina por Clase media reducida

25.08.2008 | 17.35
Un estudio realizado por Cepal mostró que el alto nivel de desigualdad en los países de América Latina determina que la clase media en esta región sea más reducida que en el promedio internacional. Esto constituye un obstáculo para el desarrollo y el crecimiento de estas economías.

El estudio se realizó para una muestra de 129 países, donde se analiza la correlación que existe entre el tamaño de la clase media de una sociedad y una serie de variables como el ingreso per cápita, el grado de desigualdad del ingreso, el nivel y composición del gasto público, la cantidad de pequeñas y medianas empresas y el sistema democrático.

Uno de los principales resultados que surgen de este análisis es que los países de América Latina presentan clases medias más reducidas con relación al promedio internacional.

El estudio define como clase media a la población comprendida entre los deciles 3 y 9 de ingresos. En este marco, en los países de América Latina la clase media percibe el 57% del ingreso económico regional, mientras que esta proporción se eleva al 62% para el promedio mundial.

Esto señala una correlación positiva entre el nivel de desarrollo económico –medido por los niveles de ingreso per cápita- y el tamaño relativo de la clase media. Es decir, a menor niveles de ingreso, menor tamaño de la clase media y por lo tanto, mayor nivel de desigualdad.

Según señala el informe de la Cepal, existen al menos dos razones por las cuáles la clase media resulta importante para el desarrollo de un país. En primer lugar, constituye una fuente de capacidad productiva que se observa principalmente en las pequeñas y medianas empresas.

Por otro lado, también conforma una fuente de poder de compra, en el sentido que una clase media más grande ejerce una mayor demanda de bienes y servicios de mejor calidad.

viernes 22 de agosto de 2008

Convocatoria a realizar estudios

La FAO, en alianza con el Programa Mundial de Alimentos, ha lanzado dos convocatorias para consultorías para realizar dos estudios de alta relevancia:

1. Estudio sobre el retraso de crecimiento como indicador de pobreza
2. Estudio sobre indicadores de seguridad alimentaria y nutricional para el Integrated Food Security Phase Classification (IPC).

Esos dos trabajos buscan mejorar el entendimiento que existe sobre la pobreza, la inseguridad alimentaria y las formas en que son medidas.

Ambas consultorías responden a la Fuerza de Trabajo en Asesoría, Monitoreo y Evaluación de la cual tanto el PMA como FAO son parte. Los términos de referencia se encuentran en inglés: http://www.unsystem.org/SCN/Publications/html/task_forces.htm
También están disponibles en http://www.rlc.fao.org/iniciativa/redsan2.htm

Para más información, contacte:
Kathryn Ogden- kathryn.ogden@wfp.orgCristina
Lopriore- cristina.lopriore@fao.org
Dalia Mattioni- dalia.mattioni@fao.org

Reference Code: RW_7HACRF-39

jueves 21 de agosto de 2008

La crisis alimentaria: una realidad inobjetable

"Era previsible que ocurriera y la previmos, pero también era evitable y no pudimos evitarla", expresó el director general de la FAO
Eugenio Suárez Pérez Para Kaos en la Red 19-8-2008


El mundo ha vivido una permanente crisis alimentaria. Sin embargo, hoy se enfrenta a una de las más profundas. Jacques Diouf, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), ha dicho que “no es la primera crisis de este tipo, aunque esta vez reviste tonos particularmente tristes y trágicos: era previsible que ocurriera y la previmos, pero también era evitable y no pudimos evitarla”.
En 1996 los jefes de Estado y de Gobierno de 112 países y los representantes de 186 miembros de la FAO, contrajeron el compromiso de reducir a la mitad el número de personas hambrientas en el mundo para el año 2015 y aprobaron un programa con miras a alcanzar esa meta. Siete años después, en el 2002 se alertó a la comunidad internacional de que los recursos con que se financiaban los programas agrícolas de los países en desarrollo estaban disminuyendo, en lugar de aumentar, y de continuar esta tendencia, habría que esperar hasta el año 2150 para alcanzar la meta fijada en 1996.
La respuesta fue elaborar un Programa de lucha contra el hambre, cuyas necesidades de recursos financieros se estimaron en 24 mil millones de dólares al año. Pero, según el propio Jacques Diouf fue “triste, pero cierto: no cumplimos nuestras promesas. En vez de proporcionar más ayuda, fuimos testigos de una tenaz disminución de la atención prestada a la agricultura”. La ayuda a la agricultura —actividad que constituye el principal medio de subsistencia del 70% de la población pobre del mundo— pasó de 8 mil millones de dólares en 1984 a 3 mil 400 millones de dólares en el 2004, lo que representó una reducción en cifras reales del 58 por ciento.
Los precios de los alimentos y los insumos para producirlos se vuelven cada vez más inaccesibles y ello ha agudizado el hambre a nivel mundial. Según datos de la FAO, en el 2007 el número de personas hambrientas aumentó en cerca de 50 millones, y la mayor parte de ese incremento se atribuye al alza de los precios de los alimentos.
En los últimos 12 meses, el índice de precios de la FAO para los alimentos aumentó, como promedio, en el 52%. El Segundo Secretario del Partido, compañero Raúl Castro, el pasado 11 de julio recordó cómo en días recientes el precio del petróleo había roto la barrera de los 145 dólares, más de cinco veces el de hace apenas cinco años, desconociéndose hasta ahora cuál sería el límite, ya que su agotamiento a nivel mundial es más rápido de lo calculado.
Otros pocos ejemplos bastarían para asumir con mayor responsabilidad el desafío que todos tenemos por delante. En julio del 2007, apenas hace un año, el costo de importar una tonelada de arroz ya se había elevado hasta a 435 dólares, hoy exige erogar mil 110 por tonelada. Una tonelada de trigo, el año pasado, se compraba con 297 dólares, ahora requiere más de 409. Asimismo, la tonelada de leche en polvo se cotizaba en julio pasado al astronómico precio de 5 mil 200 dólares, mientras hace cuatro años se adquiría por unos 2 mil 100.
Y referido a los insumos para la agricultura, el fertilizante, esencial para lograr rendimientos superiores, en el caso de los destinados a los cultivos varios, nos recordó Raúl, “elevó su precio de 303 dólares la tonelada en julio de 2007, a 688 en este momento. Otro fertilizante muy empleado, la urea, la tonelada costaba unos 400 dólares hace un año, ahora hay que pagar casi 700”.
A nivel mundial, como promedio, en los primeros cuatro meses de 2008, se duplicó el índice de precios de la FAO de los insumos en comparación con el mismo período en el 2007; los precios en dólares de algunos fertilizantes se multiplicaron más de tres veces. Los pequeños agricultores de subsistencia de los países en desarrollo son siempre los más afectados por el aumento de los precios de los insumos.
Los estados económicamente más vulnerables deberán asumir la carga más pesada del costo de la importación de alimentos y se prevé que los gastos totales de los países menos adelantados y de bajos ingresos y con déficit de alimentos aumenten el 37% y el 40%, respectivamente, en comparación con el 2007, tras haber crecido ya en el 30% y el 37%, respectivamente, el pasado año. El aumento sostenido de los gastos por concepto de importación de alimentos para ambos grupos de países vulnerables constituye un fenómeno particularmente preocupante, ya que, a juzgar por las proyecciones actuales, sus importaciones anuales de alimentos podrían costar cuatro veces más que en el 2000. En Cuba, anotó Raúl en la mencionada intervención: “Basta decir que para importar el mismo volumen de alimentos que en el 2007, el año pasado, la misma cantidad, este año se requerirían mil 100 millones de dólares más, para recibir lo mismo”.
Para evitar, a nivel mundial, un desastre de mayores proporciones, en diciembre del 2007 la FAO lanzó su Iniciativa relativa al Aumento de los Precios de los Alimentos (IAPA), que consiste en proporcionar fondos a productores de los países más pobres del mundo a fin de fomentar la producción agrícola durante las próximas dos temporadas de plantación. En más de 57 países se han adoptado medidas por un valor de 40 millones de dólares, que han sido integradas en programas ya existentes y armonizadas con otros esfuerzos. Sin embargo, como muy bien expresó el Director General de la FAO, “esto es solo un punto de partida y se necesitarán recursos por un valor 40 veces superior (mil 700 millones de dólares) para poder elaborar un paquete de desarrollo más sustancial y completo de cara al futuro”.
Para dar continuidad a la iniciativa, en junio de este año más de 4 mil 500 delegados de 181 países, entre ellos 43 jefes de Estado y de Gobierno y 180 ministros, renovaron su compromiso de luchar contra el hambre con mucho más ahínco que hasta ahora. Se prometió el aporte de 22 mil millones de dólares para combatirla. Esta cifra es cinco veces superior al monto total de la asistencia oficial para el desarrollo que se destinó a la agricultura en el 2006.
La FAO espera que esas promesas se hagan esta vez realidad y se traduzcan en contribuciones financieras y en especie que lleguen a manos de los pobres del mundo. De lo contrario, señaló Jacques Diouf: “Si no se adoptan de inmediato las medidas pertinentes, en los próximos 50 años podría volverse mucho más difícil alimentar a la población mundial. La población aumentará de 6 mil 500 millones hoy, a 8 mil 300 millones en el 2030, y casi 9 mil 200 millones en el 2050. Todo ese crecimiento se concentrará en los países en desarrollo. Por consiguiente, será necesario que en el 2030 la producción mundial de alimentos haya aumentado en más del 50% y, en el 2050 se haya casi duplicado”.
A los datos anteriores se adiciona que junto a la población urbana disminuirá de hecho la de las zonas rurales. Esto significa que un número menor de agricultores tendrá que producir casi dos veces más alimentos que los que se producen hoy.
No se puede obviar que la agricultura mundial tendrá que soportar la carga del cambio climático. La FAO ha advertido que, en caso de que la temperatura se eleve en más de 2°C, se prevé una severa reducción del potencial mundial de producción de alimentos y podrían disminuir en todo el mundo las cosechas de cultivos fundamentales como el maíz. En África, Asia y América Latina la producción podría bajar del 20% al 40%.
Tampoco se pueden obviar los graves fenómenos meteorológicos como sequías e inundaciones que provocarán pérdidas de cosechas y ganado aún mayores. Por eso el Director de la FAO sostiene que: “El cambio climático plantea, de hecho, un doble desafío para la agricultura: la adaptación de los sistemas de producción agrícola a las nuevas condiciones agroecológicas y la necesidad de ayudar a mitigar las repercusiones de dicho cambio en el mundo en su conjunto”.
Y por último, está sobre la mesa a la vista de todos: el alza de los precios de la energía fósil hará que las fuentes de energía alternativas adquieran una importancia cada vez mayor. Su resultado será que la producción agrícola se transforme en materia prima competitiva para el sector energético; casi 100 millones de toneladas de cereales se han sustraído a los mercados de alimentos para destinarse a la satisfacción de necesidades energéticas. La FAO ha destacado que los precios elevados del petróleo y el uso de los recursos agrícolas para el mercado energético pueden, de hecho, introducir un paradigma completamente nuevo en la agricultura mundial; y que si los precios de la energía se mantienen altos y la producción de materia prima para el mercado energético sigue siendo una actividad económicamente viable, los alimentos seguirán siendo caros.
El compañero Raúl Castro alertó ya, que la situación puede incluso empeorar, aunque algunos se empeñen en cerrar los ojos ante ella y aunque se hará cuanto esté al alcance para que esas adversidades afecten lo menos posible, es inevitable que el pueblo cubano sufrirá cierto impacto en determinados productos y servicios. No sin advertir que el imperialismo está haciendo hasta lo imposible para ampliar las dificultades, con la absurda aspiración a ponernos de rodillas.
El mundo tendrá una sola alternativa, planteada reiteradamente por Fidel: un mundo sin explotación. Cuba tiene su respuesta, dada, precisamente por Raúl, en sus últimas intervenciones que se resume en dos palabras: “Trabajar duro”.

martes 19 de agosto de 2008

DIEZ RAZONES PARA UNA AMERICA SIN HAMBRE

José Luis Vivero Pol*

Estamos en medio de una tormenta alimentaria perfecta, que tendrá nefastas consecuencias para los hogares más vulnerables del planeta. Se estima que esta subida notable del precio de los alimentos va a forzar a 100 millones de personas a entrar en el poco honroso club de los pobres extremos, de los cuales ya hemos registrado estadísticamente a 50 millones de hambrientos adicionales que han aumentado sólo en el 2007, según las ultimas cifras de FAO. Y la CEPAL indica que en Latinoamérica podríamos tener entre 10 y 15 millones más de pobres extremos al final del año.

¡Qué sangrante paradoja en la región que más se va a beneficiar del alza del precio mundial de los commodities alimentarios! América Latina ganará mucho dinero exportando alimentos más caros y sigue teniendo 52 millones de hambrientos en su territorio, 9 millones de ellos niños que sufre desnutrición crónica, lo que es una cadena perpetua de por vida. La región genera un 30% más de los alimentos necesarios para que todo el mundo coma bien. Es decir, no es un problema de producción sino de acceso a la comida.

Tras este oscuro preludio, me propongo detallar las diez principales razones por la cuales nuestra región no debería tener hambrientos ni desnutridos, y por qué se justifica priorizar el combate al hambre en todos los países, con el objetivo de que la región pueda estar “libre de hambre” en un plazo que todos podamos ver.

1.- Porque acabar con el hambre es una meta posible. América Latina y el Caribe tiene la capacidad financiera, institucional, de recursos humanos y naturales para erradicar el hambre en una generación. Hay que movilizar a la sociedad en su conjunto para terminar con el hambre, pues es un objetivo moralmente incuestionable y prácticamente alcanzable en una generación.

2.- Porque la razón ética y mediática está con el hambre a cero no con el hambre a la mitad. Eliminar totalmente el hambre es la meta, reducir a la mitad como establecen los Objetivos de Desarrollo del Milenio es sólo un objetivo intermedio. La experiencia del programa “Fome Zero” de Brasil muestra que los objetivos que aglutinan a toda la población, y en la cual todos y cada uno de los ciudadanos se sienten parte, son menos cuestionados y mejor entendidos. Llegan a la gente. Como prueba de esto, FAO y PMA acordaron establecer la erradicación de la desnutrición crónica infantil como la meta intermedia para el 2015.

3.- Porque los Objetivos de Desarrollo del Milenio no bastan. Los ODM son muy pertinentes para el mundo como metas mínimas, pero no parecen estar justificados como objetivos de desarrollo humano pleno. Si consideramos que un ciudadano alcanza su plenitud cuando tiene cubiertas su necesidades básicas, satisfechos sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y se siente parte de la colectividad nacional, no podemos aceptar como “desarrollo pleno” la reducción a la mitad de las muertes por desnutrición, la falta de acceso a la salud y la educación o la carestía de un hogar habitable.

4.- Porque este desafío Latinoamericano puede convertirse en una “marca” político-estratégica regional. Tener un espacio “libre de hambre” puede convertirse en un objetivo dinamizador de la cooperación en la Región, un componente de su “marca” político-estratégica que implique el “desafío latinoamericano”, y que marque diferencias frente a las otras dos regiones en desarrollo donde acabar con el hambre no parece tan factible (Africa y Asia). La Iniciativa “América Latina y el Caribe sin Hambre” apoya a los países de la región a posicionarla en la agenda del desarrollo mundial, y la lucha contra el hambre como prioridad regional.

5.- Porque toda reducción de la pobreza pasa inevitablemente por la eliminación del hambre. En América Latina y el Caribe, la población en extrema pobreza en 2004 representaba el 18% (96 millones) mientras que la población subnutrida alcanzaba el 10% (52 millones). Así, combatir el hambre no es lo mismo que combatir la pobreza. Los programas de seguridad alimentaria tienen como objetivo encontrar soluciones rápidas y de amplia envergadura para reducir drásticamente el número de los hambrientos. Esto implica que la lucha contra el hambre, pre-requisito del combate a la pobreza, puede llevarse a cabo mediante programas nacionales poco complejos. El hambre es la más cruel y extrema dimensión de la pobreza.

6.- Porque este es el momento político-económico adecuado. América Latina vive un momento de crecimiento económico que no experimentaba hace cuatro décadas (con un crecimiento medio superior al 4% anual). Este crecimiento se verá afectado por el alza del precio de los alimentos, pero también muchos países van a aumentar sus ingresos por exportación de commodities alimentarios. En general, la denominada “crisis alimentaria” puede suponer una buena oportunidad para la región en su conjunto. Por otro lado, las elecciones de los últimos 3 años han colocado nuevos gobiernos al frente de sus países que están revalorizando las cuestiones sociales, colocándolas en muchos casos por delante de los temas económicos o de seguridad. Y se está aumentando el gasto social, entendido como inversión.

7.- Porque lo social es eje central de las políticas públicas del Estado. Desde hace un tiempo, se está produciendo un giro de largo alcance en el papel del Estado como conductor de la política y la economía del país, y no como mero ente regulador como se establecía en el Consenso de Washington. La crisis multicausal en la que está el mundo inmerso actualmente (financiera, energética, medioambiental y alimentaria) está forzando a replantearse el rol de los Estados como reguladores y protectores de sus ciudadanos, frente a agentes transnacionales que operan sin transparencia en el libre mercado. El Estado está recuperando espacios perdidos en los años noventa con una mayor participación para garantizar los derechos mínimos de sus ciudadanos, y como responsable de una mayor cohesión social (mejor reparto de beneficios y red de protección social más inclusiva).

8.- Porque la alimentación es un derecho. Esto aparecía en la Carta de Derechos del Hombre desde 1946, pero no fue hasta la entrada en vigor del Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales en 1976 que el derecho a la alimentación cobró cuerpo jurídico y vinculante. El derecho a la alimentación tiene una doble dimensión: estar libre de hambre y tener acceso a una alimentación adecuada con inocuidad y pertinencia cultural. Evidentemente, la primera sólo afecta a los hambrientos y ha de ser garantizada de manera inmediata. La segunda dimensión afecta a todo el mundo y su cumplimiento ha de llevarse a cabo de manera progresiva y ha de ser el objetivo de una política alimentaria en base a los derechos humanos. Para cumplir con esto, se necesita un marco institucional y legal adecuado que cree condiciones adecuadas y mantengan las iniciativas de lucha contra el hambre a través de los años, sin depender de la voluntad de los gobiernos de turno.

9.- Porque el hambre impide el desarrollo pleno de la democracia y la ciudadanía. Con el estomago vacío no se participa. El hambre alimenta tensiones sociales, repercute en la gobernabilidad y en el pleno desarrollo de la democracia. Tal vez por eso, en muchas naciones latinoamericanas donde no se satisfacen las necesidades primarias (comer, hogar, agua potable, salud), los ciudadanos prefieren un modelo donde prime el desarrollo económico sobre los valores inherentes a democracias, tal y como destapó un informe del PNUD en 2004. Y como las desigualdades se mantienen y el crecimiento económico sólo beneficia a unos pocos, estas “democracias hambrientas” no cuentan con la legitimidad de sus ciudadanos. Esto demuestra que tenemos que considerar el hambre como un tema político y no sólo una cuestión social, técnica o humanitaria.

10.- Porque el hambre repercute negativamente en el crecimiento económico y la competitividad. Elevadas cifras de desnutrición afectan al desempeño económico, tal y como demuestran estudios recientes del Banco Mundial, vinculando la desnutrición infantil con la disminución en el crecimiento del PIB anual. La desnutrición infantil es irreversible y afecta a la capacidad física y mental de las personas, disminuyendo su capacidad profesional. Cuando tenemos cifras de desnutrición superiores al 20% esto afecta seriamente a la competitividad de un país. Es por eso que la reducción del hambre no debe ser vista como un gasto social sino como una buena inversión económica a corto, medio y largo plazo, ya que repercute en un mayor crecimiento económico. Esto es la conclusión a la que han llegado los premios Nobel que se reúnen bajo el paraguas del Consenso de Copenhague: las inversiones más rentables y eficientes para cumplir los ODM son aquellas que buscan reducir la desnutrición infantil.

Estas diez razones requieren de voluntad política a alto nivel para materializarse en acciones concretas. Se requiere el liderazgo de individuos notables para convencer a la población y a quienes manejan las maquinarias del Estado para poner en marcha programas nacionales de lucha contra el hambre que cuenten con fondos adecuados, una institucionalidad sostenible, apoyo de diversos sectores, ayuda financiera internacional y que sea, finalmente, una “Política de Estado”. No vamos a acabar con el hambre en América Latina y el Caribe en 10 años, pero si debemos estar convencidos que con los medios adecuados, podemos hacerlo, sabemos hacerlo y, por tanto, debemos hacerlo. Se lo debemos a la siguiente generación.

*Oficial de Seguridad Alimentaria de la Iniciativa “América Latina y Caribe sin Hambre”,
www.rlc.fao.org/iniciativa
Oficina Regional de FAO para América Latina y el Caribe, Santiago, Chile, Joseluis.vivero@fao.org

lunes 11 de agosto de 2008

Iniciativa apoya a Haití con acciones concretas

Programas benéficos empiezan a rendir frutos

Santiago, 11 de agosto de 2008. Como parte de su compromiso de trabajo en la lucha contra el hambre y la desnutrición en Haití, la Agencia de Cooperación Internacional de Chile (AGCI) y la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre están impulsando el proyecto Limonade en el país caribeño. Este proyecto tiene como objetivo mejorar la seguridad alimentaria de la población rural aumentando la producción familiar para autoconsumo y desarrollando innovadoras técnicas en agricultura orgánica que fomentan el autoabastecimiento e independencia de insumos exteriores, fomentando el cuidado de los recursos naturales y su uso racional. El enfoque integral de este proyecto está empezando a dar resultados y mejorará la alimentación de muchas familias haitianas.
Hasta la fecha, se han registrado avances importantes. Se ha capacitado en distintos temas a más de 600 líderes, mujeres y campesinos en las comunidades de Port Margot, Port Francés, Aflidepa, y en la Universidad de Roi Henri Christophe, tratando técnicas de producción orgánica, diversificación alimentaria y de producción de hortalizas. Al mismo tiempo, se desarrolla un programa productivo que beneficia a 60 familias campesinas que cuentan con parcelas individuales y colectivas que se espera ampliar a decenas de familias más.
Con el objetivo de ayudar a balancear la nutrición de estas familias, el proyecto ha creado un banco conejos para incorporar proteínas y otros nutrientes en la dieta. La reproducción de los conejos se encuentra cuidadosamente planificada. Las familias que han recibido este beneficio se comprometieron a devolver el mismo número de conejos, para que estos sean luego entregados a nuevas familias. Además, se está planificando la realización de un Diplomado de Agricultura Orgánica, que se espera completar este mes y que estará dirigido a profesionales haitianos de distintas instituciones educativas.
El Proyecto Limonade dirige sus esfuerzos a la comunidad rural de Haití, con el fin de que se beneficien no solamente del cultivo y consumo de los alimentos orgánicos, sino del aprendizaje de técnicas de agricultura y producción innovadoras y mejoras en la nutrición y la dieta, a través de modelos replicables a otras comunidades de la zona.
Robinson Sandoval, el consultor que se encuentra en Haití implementando este trabajo, es parte del equipo del proyecto de la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre, y la colaboración con la Agencia de Cooperación Internacional de Chile se inscribe entre las actividades de Cooperación Sur-Sur que este proyecto promueve.



FAO distribuye semillas y herramientas a campesinos haitianos

HaitíPuerto Príncipe, 6 Ago. ABN.- Campesinos haitianos reciben semillas y aperos agrícolas donados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), iniciativa encaminada a impulsar la producción agrícola local. De acuerdo con un cable de la agencia Prensa Latina, la FAO distribuye 600 toneladas de semillas de frijoles, maíz y sorgo, así como herramientas de trabajo, tales como azadas y machetes.

El organismo internacional distribuyó esta ayuda, de un valor de cuatro millones de dólares, a unas 70 mil familias. La FAO estima que es imprescindible más ayuda para otras 500 mil familias, a fin de solventar las próximas tres temporadas de siembra. En este sentido, el representante de la FAO, Toubo Ari Ibrahim, subrayó que estas ayudas internacionales son insuficientes para satisfacer los grandes problemas de la nación caribeña.

Precisó que Haití necesita de acciones específicas para reactivar la producción agrícola. “Esta crisis puede ser una oportunidad única para invertir la tendencia y hacer frente al estado de abandono de la agricultura en este país”, indicó. Según el diario Le Nouvelliste, otras distribuciones están previstas para las campañas de octubre-noviembre de 2008 y febrero-marzo de 2009.

martes 5 de agosto de 2008

México, rezagado en Objetivos de Desarrollo del Milenio

Sin embargo, Ban Ki-Moon felicitó a Calderón por su lucha contra el crimen organizado y ofreció asistencia técina de las Naciones Unidas en la materia, si México lo solicita.

Publicado en Milenio Diario

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, exhortó al gobierno de México a redoblar esfuerzos en las Metas del Milenio en las que, considera, aún le falta cumplir, como la desnutrición infantil, reducir la muerte materna, las sustentabilidad ambiental y la igualdad de género en la vida política.
Durante la reunión de trabajo sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio y Cambio Climático, en Los Pinos, el funcionario de la ONU sostuvo que al igual que otros países de ingresos medios, la pobreza sigue afligiendo a una porción significativa de la población.