miércoles 22 de abril de 2009

La ciudad que acabó con el hambre

Belo Horizonte en Brasil desarrolla desde 1993 decenas de planes innovadores para asegurarse de que toda la población tenga acceso a los alimentos

En Positivo.com

Si bien es cierto que el hambre no es causada por falta de alimentos sino, más bien, por la falta de democracia, es posible revertir este proceso cuando existe un compromiso de parte de los gobiernos que lideran a los pueblos. Tomemos por ejemplo a Belo Horizonte en Brasil, una ciudad de 2.5 millones de habitantes que, en un momento dado tuvo a 11 por ciento de su población sumida en absoluta pobreza y casi un 20 por ciento de sus niños sufriendo de hambre. Entonces, en 1993, una recién elegida administración declaró el derecho inalienable de las personas a ser alimentadas.
El nuevo alcalde, Patrus Ananias, hoy día líder federal del esfuerzo anti hambruna, comenzó creando una agencia que reunía a 20 personas en un concilio conformado por ciudadanos variados: trabajadores, negociantes y representantes de la Iglesia, para asesorar en el diseño y la implementación de un nuevo sistema de alimentación.
Durante los seis primeros años de la nueva política establecida, el número de ciudadanos envueltos en el proceso de presupuesto se duplicó a más de 31,000. La agencia, entonces, desarrolló decenas de planes innovadores para asegurarse de que toda la población tuviera acceso a los alimentos, especialmente, entrelazando los intereses de los consumidores y los agricultores.
Una de las estrategias del proyecto ofrecía a familias de agricultores de las afueras de la ciudad, buenos espacios comerciales, donde podían vender sus productos a los consumidores citadinos sin necesidad de depender de distribuidores. Las ganancias de estos se incrementaron por ser una negociación de uno a uno, sin intermediarios, y la gente de escasos recursos se beneficiaba teniendo acceso a comida sana, fresca y a un magnifico precio.También, el gobierno fomentó la creación de los “Restaurantes Populares” que servían a unas 12,000 personas diariamente y donde servían comida producida localmente por el equivalente de 50 centavos por plato. De hecho, aunque el 85 por ciento de sus usuarios eran de escasos recursos económicos, no se tenía que comprobar que se era pobre para comer en estos restaurantes. La mezcla de clientes borró los estigmas y permitió a los habitantes de Belo Horizonte “alimentarse con dignidad”.
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