lunes 13 de abril de 2009

La real soberanía alimentaria

Gabriela Muñoz para El Telégrafo.

Según el Informe de la FAO, en América Latina el 10% de la población se encuentra en estado de subnutrición, paradójico pues América Latina y el Caribe son las principales regiones productoras de alimentos a nivel mundial, y cuentan con un ingreso de calorías per capita superior a Asia y el Pacífico y la región de África Subsahariana (FAO 2007). ¿Cómo explicar que siendo los principales productores de bienes agrícolas sigamos expuestos a la inseguridad alimentaria? Primero, la gran riqueza de recursos naturales nos ha permitido usar y abusar de los mismos, manteniendo una balanza comercial deficitaria y unos términos de intercambio negativos, pues vendemos materias primas a bajos precios para comprar bienes industrializados a precios elevados. Bienes que en muchos casos, lejos de asegurarnos una nutrición adecuada, solo benefician a las grandes transnacionales y nos alejan de nuestra digna y saludable tradición alimentaria.

Segundo, la inequidad en los términos de intercambio y en la distribución de los beneficios económicos, impide el acceso real a los alimentos.

Tercero, y de igual importancia, no hemos emprendido una ruta que nos permita la soberanía alimentaria y sin ella no hay una verdadera seguridad alimentaria.

La soberanía alimentaria parte del derecho de los Estados a definir su política alimentaria y agraria y asegurar la satisfacción de la demanda interna de alimentos, a partir de la producción nacional; pero para ello es elemental revivir el papel protagónico de los campesinos en la producción de alimentos y revalorizar y promover sus prácticas productivas ancestrales.

Por lo anterior, la soberanía alimentaria debe ser una prioridad para toda la región, con especial énfasis en la agricultura familiar y los pequeños productores. Ecuador busca dar pasos en este sentido, en la Constitución se habla ya de soberanía alimentaria y se acaba de redactar una Ley en este sentido. Pero, la Ley de Soberanía Alimentaria del Ecuador solo será tal, si responde efectivamente al desarrollo del mundo rural, a promover la agricultura familiar y las tradiciones agrícolas sustentables. Promoviendo a su vez, políticas que permitan intercambios comerciales justos, que garanticen primero la seguridad alimentaria interna y luego el intercambio con otras regiones y países.

La Ley de Soberanía Alimentaria será tal, si asegura la sostenibilidad de la tierra y el acceso al agua. Sin tierra y agua no habrá alimentos. La visión a corto plazo y el modelo agroindustrial nos ha hecho enfocarnos en la producción a gran escala, el crecimiento de los monocultivos a costa del deterioro de los recursos naturales. En el Ecuador existe un alto índice de deforestación asociado al crecimiento de los monocultivos, se conoce que el crecimiento de la frontera agrícola explica el 60% de la superficie talada cada año en el país, generando pasivos ambientales aún no cuantificados.

Si en las cuentas nacionales se consideraran estos pasivos nos daríamos cuenta que el impacto sobre los recursos naturales es también un impacto económico.